MOCHALES

Para los que no conocen aquellas tierras es un portento increíble el Valle del Mesa. Un milagro de la Naturaleza en el que ni siquiera se han parado a creer los que viven allí, porque están acostumbrados a verlo y a disfrutarlo cada día.

Hay que descender todavía unas cuantas curvas por terreno adusto antes de llegar hasta él por la carretera de Amayas. Desde la mitad de la cuesta, en la bajada, las huertas se ponen ante los oidos de un modo sorprendente. Son pequeñas parcelas de regadío cultivadas con meticulosidad, árboles frutales que los agricultores cuidan con sabiduría y con talento. Luego el río, el puente, el atravesar la vega, el pueblo; un vergel auténtico en donde se sienten regalados por igual todos los sentidos: olor a huerta, sonido incesante de la torrentera, encuadre paradisiaco para los ojos, una brisa amable que refresca la piel, y el sabor agridulce de un puñado de cerezas recién cogidas que, al ser verano, ofrece gentilmente un campesino.

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